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sábado, 7 de marzo de 2015

HAY QUE OBSERVAR BIEN.- DESPUES DE TANTAS ELECCIONES...¿QUÉ PASARÁ?.











HAY QUE OBSERVAR BIEN.- Después de tantas elecciones …¿Qué pasará?...


Una vez más, sentado frente a la mesa de mi despacho, mientras la amplia ventana deja que la luz de la mañana atraviese la habitación de modo irregular y escuchando música de Vivaldi, he tomado el ordenador y acarició las teclas para construir unas palabras.

He meditado sobre lo que está ocurriendo en España este año; que es muy complejo. Yo diría que históricamente complejo, con cuatro citas electorales, por lo que cada paso en el trabajo y en muchos órdenes de la vida es fangoso e incómodo. También he reflexionado sobre lo que podrá ocurrir el próximo año; puede ser que todo sea tan diferente que hoy no seamos del todo capaces de imaginarlo. La cuestión es, que si hay un cambio, éste no se encuentre sujeto sobre los pilares de la estupidez y que por una vez en la historia de este país, pase lo que pase, se utilice la línea recta para llegar de un punto a otro. No tengo grandes esperanzas sobre ello, ya que los que se van, si es que es así, no dejarán que las cosas sean fáciles y los que pueden venir, si vienen, parecen inseguros y poco conscientes de algunas realidades con las que, muy probablemente, se darán de narices.

Entre tanto lío, estaremos en medio los de siempre y la posibilidad  de que recibamos de unos y de otros, es muy elevada. Es una metáfora, se entiende. Recibir, en este caso, no es algo deseado.

En todo caso, bajo un punto de vista social o más bien de análisis social, lo que ocurre es muy interesante. Cuando te encuentras con noticias nacionales como el desmembramiento de Izquierda Unida, las explicaciones que con insistencia ha tenido que dar Monedero de Podemos, (que tendrá que seguir dando hasta el agotamiento), sobre los ingresos percibidos de Venezuela mediante una empresa a medida,  la presentación económica de Ciudadanos, (como un cuento de buenos y malos, hombres de negro y mujeres salvadoras), contando lo que pretende hacer en el futuro, los debates y peleas internas del PSOE, en una permanente búsqueda de la coherencia, propia y ajena, y las explicaciones del PP sobre la superación de la crisis, en la absurdidez del sin sentido, por citar algunas, te preguntas en qué país estoy viviendo yo y en cual viven ellos. Si a todo esto se le suma el tratamiento que se está haciendo sobre la guerra de Ucrania, la guerra fría de EEUU y Europa contra Rusia, o a la inversa, según se mire, y las negociaciones de la Unión Europea, (Banco Central, FMI,…Alemania, siempre Alemania) con Grecia, para la prórroga de los recortes economicos, mientras la población de ese país protesta en la calle, tienes la sensación de que sujetas entre las manos un globo que está a punto de explotar.

Nuestro círculo de información se amplía con otras noticias no menos llamativas, como el procesamiento, (si, no, si, no), penal de la Presidenta Argentina o las declaraciones venezolanas sobre la existencia de un eje contra su política; te das cuenta de que los problemas nacionales y europeos comparten el mismo sinsentido a través de las aguas del Atlántico… hacia espacios casi desconocidos.

Entre tanto, por ejemplo, es curioso que los millonarios chinos, (me pregunto de donde han sacado tanto dinero), de un modo discreto,  compren con sus capitales el edificio de la Plaza de España de Madrid o las acciones de grandes empresas alimentarias y que, por ejemplo, la farmacéuticas sean las que condicionen la supervivencia de muchos ciudadanos en occidente, más allá de las grandes maldades que realizan a diario en el continente africano, por citar solo una referencia.

Hablando de los chinos. Escuché estos días en la televisión a una representante nipona que con un castellano perfecto decía que la integración de su población en España era un hecho patente y como ejemplo preguntaba a la periodista que la entrevistaba, si ella había o no visto en Madrid a algún chino pidiendo en la calle. La respuesta fue que no, claro. Se olvidó de hablar sobre las mafias chinas, de las fábricas textiles ocultas o de los polígonos industriales desde donde se distribuyen por todas partes productos copiados e ilegales. También de los préstamos o financiaciones, como lo queramos llamar, de las guerras de Estados Unidos contra otro eje del mal o el que pueda hacer falta. No se muy bien la razón, pero a veces, solo a veces, tengo la sensacion de que los chinos van ocupando espacio sigilosamente, despacito, de modo discreto y cualquier día, me despierto en mitad de la noche y un hombre de ojos rasgados me empujará al suelo, desahuciandome de mis sueños.

No quiero tener una visión equivocada por negativa, pero las realidades no son las que aparentan ser y es muy difícil hoy, a pesar de la importante actividad de los medios de comunicación, vivir como un ciudadano informado y tener un conocimiento cierto de esos distintos mundos. Menos aún que todo ello  tenga una utilidad para hacer la vida más justa y feliz.  No nos olvidemos que la información no es necesariamente conocimiento, es otra cosa.

Se podría decir que yo, en la actualidad, soy una persona madura que inicia el descenso hacía la avanzada edad. No es el mejor momento para disponer de energía sobrante para afrontar estos cambios, para perder derechos y aceptar la incertidumbre del futuro.

Siento profundamente que los jóvenes tengan tan recortadas las perspectivas de futuro. A ello hay que añadir, que esos jóvenes, ya no son como los de antes, nosotros tendíamos a estar sometidos a una aceptación tradicional, pasamos por una transición nacional compleja y nos hicieron estar bastante ciegos sobre lo que ocurría fuera de nuestras fronteras.

Existió un largo período transitorio en el que muchos nos quejábamos de la visión blandengue y pasiva que tenían los jóvenes. Ya que con el estómago lleno y una buena vida, no parecía que existieran motivos para defenderse de nada. Solo tenía valor la competitividad, la imagen, la apariencia y una postura egoísta e insolidaria ante los demás, lo que implicaba una aparente aceptación de la victoria del más fuerte, que… si era listo, también defraudaba a Hacienda, tenía tarjetas para sus gastos, buenos coches y fines de semana de copas; eran personas envidiables. Esta descripción, aunque la reflejo en sentido pasado, forma parte de nuestra actualidad en los sectores, ¿Cómo diría?, ….¿burqueses?, ¿aburguesados?. Ya sé que esta palabra no es del todo muy actual, pero…puede valer.

Esta visión de la juventud, por otra parte y al mismo tiempo, se ha modificado, sin que exista necesariamente una contradicción. En el campo hay maíz para todos…. Los jóvenes, (otros), empezaron a ocupar las calles, a rodear el Congreso, a vivir en comunas familiares en paro, a marcharse al extranjero para tener algún trabajo y a pensar, aunque pareciese increíble, en su jubilación.

Ahora el cambio se lleva por delante la casposa y corrupta política o al menos lo pretende. Los candidatos políticos son en su gran mayoría jóvenes y algunos, incluso hablan de la casta política del 78. (Año en el que se aprobó la actual Constitución).

Yo me pregunto, solo por preguntar, ¿Dónde estamos o estaremos los ciudadanos con más de 55 años, con más de 30 años cotizados, con experiencia y estudios, dentro de 2 o 3 años?.

No se trata de mirarse el ombligo, tampoco de una nueva o reiterada pelea generacional, sino de un hecho científico. Se trata de encontrarse pendiente de la reacción y dirección que pueda tener ese cambio, como si fuésemos alquimistas o químicos, observamos las pompas del bote de cristal, a la espera de la reacción que se pueda producir. Lo vivido es claramente vergonzoso en muchos y muchos aspectos, lo que viene ¿Cómo será?. También nos preguntamos, ¿Entre lo vivido que es rescatable, valorable, útil?.

El próximo año 2016, después de las elecciones, ¿Qué ocurrirá?. No pensemos que lo que ha ocurrido y lo que ocurre se acabará a finales de éste año. Más bien, lo que tenga que ocurrir se producirá a partir de entonces en realidad.  Para enterarnos de verdad de lo que ocurrirá tendrá que pasar un  tiempo. Ahora se discute mucho en las tertulias televisivas y las calles están más tranquilas. A partir del próximo año 2016 llegará la hora de la verdad en muchas cosas y esa verdad puede ser muy diferente a lo que imaginamos. Pero…en realidad…¿Los ciudadanos hoy estamos pensando en esto?. ¿Somos conscientes de ello?. ¿Pensamos y vemos lo que debemos?.

JB

domingo, 15 de febrero de 2015

¿EL SENTIDO TRÁGICO DE LA VIDA?




COMENTARIO

¿El sentido trágico de la vida?.

Vivimos tiempos en los que parece que el sentido trágico de la vida ha ido tomando terreno y sentimos que todo aquello que vivimos y sentimos está influenciado por cierta tragedia, empezando por la nuestra. Si, sentimos la vida de una manera trágica y dolorosa. Muchas veces hablamos de la vida utilizando términos belicos que incitan a ver nuestra existencia como una batalla. “Lo conseguí, después de mucho sacrificio”. “Me han arrastrado a esto o a aquello”. “He vencido mis propios miedos”. “Hay que luchar  todos los días”.  Podría seguir añadiendo frases y frases, haciendo estos comentarios aburridos y larguísimos.
El escritor Carlo M. Cipolla, en su obra titulada Allegro Ma Non Troppo, inicia sus palabras aludiendo a que la vida es una cosa seria, muy a menudo trágica, algunas veces cómica. Comenta que los griegos cultivaron el sentido trágico de la vida y que los romanos, más prácticos en general, no hacían de la vida una tragedia.
Como digo, en la actualidad, en los tiempos que corren, cuando preguntas a la gente sobre la vida, sobre los aspectos trágicos o cómicos de ella, la mayoría no la ve ni la siente con buen humor, sino como algo complejo que parece ajeno a nosotros, que nos ataca y de la que nos tenemos que defender de modo permanente. La vida es una contradicción; por una parte, sin ella no existiríamos, por otra parte, contra ella tenemos que luchar, vencerla poco a poco y sobretodo pelear contra sus elementos, que son, entre otros, la injusticia, la violencia, la maldad, la desigualdad…Lo cierto es que la vida, si es vista así, en vez de ser un paisaje, a veces extenso e indefinido y a veces próximo y claro, se convierte en un torrente que lo inunda casi todo, en una pendiente gigantesca a cuya cima no llegaremos nunca. Lo más fácil o probable es que nos quedemos por ese camino duro e inclinado y que todo haya sido en vano. La vida, vista de este modo, pierde mucho sentido; vivir sin él, es una gran pérdida y además “no puede ser posible”.
Efectivamente, “no puede ser posible”. Todo lo que ocurre en la naturaleza tiene un sentido, nada se produce sin él. Distinto es que lo aleatorio sea muchas veces lo que genere los cambios más relevantes. Distinto es que esa naturaleza no sea algo lineal, sino zigzagueante y variable. Incluso la inestabilidad de la naturaleza, que no tiene nada que ver con el equilibrio, tiene su propio sentido, una causa, un efecto.
Si la vida, la existencia, siempre tiene sentido, lo que ocurre es que no sabemos mucha veces detectarlo y descubrir el lugar que ocupamos en ella, no sabemos lo que debemos hacer, ni valorar lo que hemos hecho.
La vida es tan sorprendente que se convierte en algo inesperado y esa sorpresa nos debería de hacer vivir con una visión más divertida sobre ella.
Cuando somos niños y alguien se esconde tras una esquina y nos saluda de modo repentino, nos sorprende, a la mayoría de los niños les hace reír, no llorar.
Además la vida, dentro de su naturaleza zigzagueante y variable, nos proporciona muchas posibilidades para descubrir de modo cómico lo que nos puede ofrecer.
He conocido personas con una pobreza extrema que cualquier detalle les hacía sonreír e incluso reír a carcajadas y personas bien adineradas que se mantienen en un permanente estado de insatisfacción.
La visión de la vida solo depende de cada uno, nos engañamos insistiendo en la existencia de culpables, de circunstancias que nos impiden evitar su sentido trágico. No somos capaces, como lo eran los romanos, de ser más prácticos y lo práctico, sin duda, es buscar y encontrar cada día la comicidad de la vida.
Si, es cierto. La comicidad de la vida es como la aerofagia en un ascensor, como un tropezón ante un charco, como un desconocido que te saluda por una confusión, como un chiste bien contado.
Las personas trágicas transmiten dolor y las cómicas alegría. Ante las situaciones difíciles y trágicas la mente y el cuerpo se paralizan, la imaginación, la visión de una realidad diferente, nos hace descubrir muchas salidas, muchas formas de actuar y de vivir de modos diferentes.
En realidad lo único que debemos exigirnos a nosotros mismos es el auto-educarnos en la llamada “levitas” e intentar no estar siempre en la “gravitas”.
Eso sí, para el humorismo, para detectar el sentido cómico de la vida hay que disponer de una sutil y feliz disposición mental y no todas las personas la tienen.
En todo caso, durante toda la existencia del ser humano en la tierra, se ha demostrado que la visión de la vida desde un punto de vista trágico, nos hace profundamente infelices, antisociales e incluso violentos y que la visión de la vida desde un punto de vista cómico, humorístico, ha permitido a grandes personajes alcanzar logros insospechados y no solo eso, hacer la existencia de los demás más práctica y aceptada.
No se trata de estar riéndose a cada minuto. No, no se trata de eso. De lo que se trata es de rechazar ese permanente, pesado y oscuro sentido trágico de la vida que nos ahoga cada vez más y que no nos deja respirar. Solo se trata de eso. A veces lo conseguiremos y otras no, pero cuando se alcanza el objetivo…

sábado, 7 de febrero de 2015

UN DÍA NUBLADO



7.2.2015.

COMENTARIO.-

Un día nublado.-

Los días en los que la nubes hacen grises todos los espacios, en los que el invierno se asienta entre los rincones y sobrevuela los espacios abiertos, son propicios para acomodarse en un sillón, junto a una buena ventana y meditar sobre la presencia de los sentimientos en lo más profundo de la inmaterialidad de la existencia.
Creo que fue Nietzsche quien dijo algo así como que el ser humano es el más salvaje de los animales; por eso, un día nublado y frío, contemplado desde la templanza protegida de una habitación caliente, en un sillón y junto a una buena ventana, parece que nos humaniza de otro modo, ya que el ser humano también, es el único animal capaz de ser consciente de su propia integridad moral, ética y sensitiva y  ese hecho, quizá sea el que proporciona verdadero sentido a su propia existencia.
El mundo inmaterial es el que nos permite vivir. Más bien sobrevivir ante las agresiones de cada día, las cuales no siempre provienen de otros, sino de nosotros mismos. Nuestros peores enemigos sin duda. Sí, me refiero al mundo inmaterial. Respecto a las incertidumbres materiales, hemos aprendido y aprendemos, a través del tiempo, a protegernos de uno u otro modo. No ocurre otro tanto con respecto a las incertidumbres inmateriales, las cuales nos provocan terribles sufrimientos y nos atacan con frecuencia en un laberinto de caminos, sin que sepamos bien que ruta tomar, por lo que nos equivocamos una y otra vez, sin alcanzar la salida con facilidad. Unas veces lo conseguimos, otras, muchas de ellas, no es así.
Somos seres imperfectos, los más imperfectos en los que se pueda pensar, del mismo modo, también somos los más perfectos que han llegado a existir, por eso somos capaces de pensar en ello y de descubrirlo; otros seres del mundo material son incapaces y si nos referimos al mundo inmaterial, la imaginación nos permite alcanzar logros impresionantes o provocar desastres horribles, pero todos ellos se desvanecen como la niebla de un día como hoy, sin dejar rastro para pasar a formar parte de relatos de ficción que nunca han ocurrido, ni llegarán a ocurrir.
Es cierto, un día nublado es más propicio para meditar. ¿Alguna vez nos preguntamos sobre el significado y la magnificencia que tiene el hecho, tan solo, de ser capaces de contarlo, de explicarlo como lo hago yo ahora mismo?.
Dejamos pasar el tiempo a velocidades indescriptibles, en apariencia. Aunque en ocasiones ese tiempo parezca pasar con lentitud, sabemos que no es así, que el tiempo siempre pasa a la misma velocidad, la indescriptible.
Podrán hacerse muchas fórmulas matemáticas sobre el paso del tiempo, identificarse y medirse, pero ese discurrir, ese pasar, sin embargo no es descriptible, el ser humano lo percibe de un modo sufriente, a veces, indiferente, otras veces y muy consciente otras veces más. El tiempo pasa sin dejar tras de sí una estela, se limita a pasar. Aunque sepamos que es una medida humana no palpable, que no se puede tocar, inmaterial e inventada, lo sentimos, sabemos que existe por el hecho de sentirlo pasar.
Además, el tiempo es algo incontrolable, tan real que nos hace crecer desde la infancia, madurar, envejecer y luego, de un modo siempre inesperado, (que estupidez), nos envuelve en algo desconocido que nos arranca de este mundo que nunca, nunca jamás fue nuestro, ya que nada, absolutamente nada de él, lo es.
Cuando una persona conocida o querida ha sido arrancada de este mundo por el transcurso del tiempo u otro motivo, siempre me pregunto sobre su trascendencia, sobre lo que ha quedado de ella entre nosotros, ya que los genios y los poderosos suelen ser los que se recuerdan con algún tipo de impronta. La gente corriente, la mayoría, ¿Qué podemos dejar?. ¿Nuestra existencia se ha limitado a transferir genes y energía para que la especie humana se mantenga sobre este planeta?, ¿Existimos la mayoría solo para eso?.  Al meditar sobre ello se hacen más comprensibles las religiones y creencias, ya que son ellas las que pretenden dar a esa existencia efímera, siempre, una trascendencia que en nuestro mundo no existe en general o que no parece existir.
Por el contrario, las cosas no son como parecen. He dicho que la trascendencia no existe en general, más bien que eso es lo que creemos, lo que pensamos en el día a día e incluso, cuando nuestra vida ya ha avanzado y nos encontramos, en virtud del tiempo, en un estado de desarrollo más elevado y la experiencia de haber vivido nos ha enseñado muchas de esas cosas, seguimos incrédulos y convencidos de nuestra intrascendencia. Intentamos rememorar los hechos vividos, analizamos los éxitos y los fracasos y comprobamos o creemos comprobar que no hemos trascendido en casi nada.
Creo que lo habitual es que nos equivoquemos. Lo que calificamos como éxito o como fracaso, suele calificarse erróneamente. Nuestra cultura del bien y del mal, de lo bueno y de lo malo, de lo deseable y de lo indeseable, esta tan influenciada por la religión, la economía y la sociedad, que son pocas las valoraciones auténticas.
Cada vez estoy más convencido de la gran importancia del conocimiento y de la razón, pero aún más, con mucha diferencia, considero que la importancia del sentimiento, del amor, es en verdad lo que nos hace transcendentes.
Debo señalar que el sentimiento, el amor, parten de fundamentos morales y éticos o se entremezclan con los mismos de tal manera, que muchas veces todos ellos son difíciles de distinguir.
En realidad, durante nuestra existencia conocemos personas amorosas, éticas, cuya moralidad ha conducido sus vidas hasta extremos de sacrificio para muchos incomprensibles y en el caso de serlo, en todo caso inalcanzables para la mayoría. No se trata de que la persona amorosa, ética o moral, se mantenga de un modo permanente en un estado de ensimismamiento y de dedicación por los demás que su vida sea el reflejo del sentido trágico de la vida. No se trata tampoco de que estas personas sean tan místicas como Santa Teresa o San Juan de la Cruz. No, no se trata de eso.
En distintos momentos, en esos en los que la decisión o la opción es lo relevante, las personas amorosas, éticas, deciden y optan, tan solo utilizando el sentido común, en unos casos o utilizando el sentimiento íntimo, en otros. Quien haya convivido con una persona amorosa, ética, sabrá de lo que hablo.
En estos días tan complejos, sujetos al cambio permanente, inestables, inmorales en muchos aspectos, en los que la competitividad y la apariencia son como una ventolera que nos impulsa y arrastra a la primera oportunidad, el amor y la ética, adquieren un especial valor y las personas amorosas y éticas son trascendentes, muy trascendentes. Quizá, lo que nos hace falta para comprenderlo es solo parar unos instantes y meditar sobre ello.
No estoy diciendo que la sociedad actual sea Gomorra, ni mucho menos. Solo digo que el valor del amor y de la ética, son valores que deben protegerse, no son valores viejos y trasnochados, son valores en los cuales, muy posiblemente, se encuentre gran parte de la orientación que necesitamos para salir del laberinto en el que muchas veces nos encontramos.
El mundo de hoy no es solo el que pisamos nosotros, será el de las generaciones futuras, como les ocurrió a nuestros padres y como les ocurrirá a nuestros hijos y nietos.
La trascendencia que comento la tienen precisamente todas las personas queridas con las que hemos convivido y convivimos. Ellas son trascendentes y nos hacen serlo a los demás.
Cuando ahora recuerdo las palabras de mi abuelo, de mis padres, de mis tíos o de amigos hoy ya perdidos, esas palabras son en gran medida las que construyen las mías, al igual que ocurrirá en el futuro con las generaciones que nos siguen.
Es cierto, un día nublado como el de hoy, que ya ha apagado sus luces a través de la ventana, ha sido adecuado para meditar sobre todo esto. Miro la oscuridad de la noche pero estoy tranquilo, porque sé que en unas horas, el tiempo habrá pasado y volverá a ser de día y quizá, en vez de amanecer con un cielo gris y nublado, la luz lo ilumine todo de nuevo y me sentiré poderoso y seguro ante la trascendencia de vivir un tiempo diferente, el cual abrazaré amorosamente. Si no es así, no dependerá de mi voluntad, solo de la finitud de mi tiempo, pero éstas palabras, en alguna medida, construirán las de otras personas que, en apariencia, serán tan intrascendentes como yo.