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sábado, 22 de marzo de 2014

MARCHA DE LA DIGNIDAD, 22 DE MARZO DE 2014.- ¿UN HECHO HISTÓRICO?




COMENTARIO.- 22 de marzo de 2014.
MARCHAS DE LA DIGNIDAD, 22 M.-
Durante el día de ayer y de hoy han llegado y siguen llegando grupos de personas que, desde distintos puntos de España, han realizado marchas hasta Madrid. Incluso algunos han atravesado Europa.
Estas marchas se han denominado Marchas de la Dignidad y se han realizado para reivindicar, entre otras cosas, los derechos a la vivienda, al trabajo y a la salud pública.
Han sido pocas las imágenes que he visto en los medios de comunicación y ante la proximidad a la capital de España, se han publicado noticias referidas a las dotaciones de orden público que los recibirían, así como a la paralización del centro de la ciudad, pero pocas han sido informaciones sobre el contenido de fondo de las demandas de todos aquellos que han transitado las carreteras, durante días, para alcanzar su destino.
Este acontecimiento tiene similitudes con la trama de mi última novela titulada DESEO, El Proyecto Eclipse, pero también grandes diferencias. En éstos hechos reales, no imaginados, los manifestantes han cumplido con esa visión premonitoria que durante los años 2009 y 2010 pasó por mi cabeza para describir algo similar, sin embargo, el silencio, incluso en las redes sociales, ha sido la nota predominante.
Me pregunto cuales son las razones que justifican ese silencio e incluso ese desinterés y más aún, aquellas que llevan a algún político a comparar esta movilización con el nazismo.
El distanciamiento de la sociedad con su propia realidad sigue siendo muy grande. Cuando he escuchado, en varias ocasiones, que la crisis económica que padecemos permite aún mucho margen para aplicar medidas de restricción social, tengo que reconocer que es cierto; aunque ello me produzca una gran incertidumbre, esa preocupación que se fundamenta en la memoria de nuestra última historia y no pueda evitar sentirme estúpido.
Si la ciudadanía no se manifiesta, parece flotar sobre nosotros una densa niebla de miseria moral y si lo hace, muchos piensan que eso no sirve para mucho, que no vale en realidad para nada. Incluso las consignas y las formas tienen mucho rechazo por una parte de la población, ya que son identificadas con el sindicalismo casposo.
Entre tanto, el poder avanza. Recordando la novela de Orwell, titulada 1984, la sociedad camina hacia el Socing y todos somos potenciales criminales de pensamiento, sin embargo, son las telepantallas las que nos dicen lo que podemos o no pensar; aceptamos esa emergencia permanente del poder que nos hace ser tan blandos, tan tolerantes. Las formas del poder, de los políticos, nos convierten en personajes consumidores del Soma, como los de la novela de Aldous Huxley, titulada un Mundo Feliz.
A estas alturas, es una evidencia que existen en nuestro país muchas familias que sufren diferentes tipos de pobreza. Efectivamente, pobreza de alimentos, de vivienda, de salud, energética. Pienso que poca gente discutirá éste hecho. También es cierto que, cuesta mucho creer, que en un país en el que existen seis millones de parados, no estén las calles ocupadas todos los días y no hayan ocurrido ya acontecimientos graves. Algunos justifican la pasividad social con la economía sumergida, otros con la solidaridad familiar, otros, simplemente, con el miedo a una miseria mayor. ¿Alguien, de verdad, analiza esto?. ¿No existe en el fondo un dejar pasar para que las cosas cambien por sí mismas?.
La mayor pobreza, con diferencia, es la moral y esa pobreza, al final, significa la pérdida de la dignidad.

La noticia de que una muy numerosa masa de personas se desplace a través de muchos kilómetros para protestar por la situación que se está viviendo en España, debería trascender lo suficiente como para que el resto de la ciudadanía, en defensa de la dignidad personal, se solidarice con el problema y adquiera conciencia de la importancia que tiene el acontecimiento.
En todo caso, la historia sigue y no olvidemos que todos estamos unidos a ella. Transcurrido el tiempo, estoy seguro de que habrá generaciones de jóvenes que nos reprocharán nuestra pasividad, nuestra falta de solidaridad y sobre todo, nuestra incapacidad de defender la dignidad en las urnas, con las elecciones.
La democracia es el mejor sistema conocido para conseguir regímenes políticos de igualdad, pero no nos olvidemos de que el poder se defiende siempre a sí mismo. No es demagogia, pienso yo. Respeto cualquier otra opinión, sin embargo sí creo que todos nos merecemos que esa otra opinión, al menos, tenga la misma dignidad que la mía.
Cuando ocurren estas cosas y veo las manifestaciones, necesito entender que los políticos nos respetan, nos dañan, pero nos respetan, nos ofenden, pero nos respetan, nos temen, pero nos respetan. Si percibo intensamente que los políticos nos desprecian, mi rebeldía me hace pensar en una revolución y pensar, es lo último que me queda.
Hoy no puedo estar alegre, no pierdo nunca el optimismo y creo que en estos años existe un exceso de pesimistas. ¿La culpa siempre es de otro?. Esto lo he dicho muchas veces. En realidad, otra realidad, no es así. Algo de culpa tendrá el que deja hacer lo que no parece lo mejor, lo que se demuestra que es peor. ¿Digo yo?.
La mayoría de los medios de comunicación, dominados por el poder, podrán silenciar hechos importantes como el que comento, podrán dejar caer tan solo, algunos comentarios amenazantes y despreciativos, pero, como en la sociedad tecnológica no existen los secretos, al final, nadie nos puede prohibir, (hoy, veremos mañana), el derecho a pensar con dignidad y sobre la dignidad. Como dice el protagonista de mi novela DESEO, El Proyecto Eclipse: En el cambio está el futuro, el sentido de la vida; el cambio es nuestro mayor y más comprometido proyecto….Conquistaremos nuestro destino. Yo lo deseo, lo deseo sinceramente.

domingo, 16 de marzo de 2014

D. Ramón y Cajal.-


COMENTARIO BREVE.-

Esta tarde he vuelto a pasear por el Centro de Madrid. He pasado junto al Teatro Español, ascendido luego por la calle Atocha para descender a continuación hacía la calle de Toledo. Finalmente he recalado en una terraza, junto a la calle Mayor, alcanzado la calle Alcalá y en la Plaza de la Cibeles he tomado un autobus hasta casa.
¡Que ambiente!. Músicos, figurantes, cantantes, actores y pedigüeños. Turístas, curiosos de barrio y pispiretas.Muchas y muchas terrazas colmadas de voces, risas y copas. Sobremesas largas y viejecillos de bastón. Rumanos con la mano tendida, vagabundos por los suelos, visitantes montados en esas máquinas de dos ruedas, que recorren las proximidades del Palacio Real, con el casco puesto y dando giros inseguros. Madrid, que ciudad de locos y corazones, de sorpresas, tensión, competición y amores. He vuelto a casa y ahora en el silencio lo cuento.
Hoy no he pasado por la librería central, pero las historias estaban en la calle, en todas partes.

COMENTARIO.- MÁS REFLEXIONES EN UN DÍA LUMINOSO.










COMENTARIOS.-
Más reflexiones en un día luminoso.

Hoy vuelve a ser un día esplendido. No hay una nube en el cielo y la temperatura es primaveral. Esta mañana, me he colocado una chaqueta y he tomado el bastón para salir a dar un pequeño paseo para la compra del pan. La calle estaba tranquila; algunos corredores se han cruzado en mi camino de un lado para otro, sudorosos pero contentos y he visto pocos coches en la avenida. He respirado profundamente para sentir el frescor de la mañana y las sensaciones han sido muy agradables. Los pájaros están como locos y los árboles ya tienen puntas verdes por todas partes. En los días así parece que todo va estupendamente, que no puede haber nada negativo que le quite a uno el entusiasmo, incluso pienso que la realidad debe de ser lo que veo y que la diferencia con lo que siento no existe. Sensación, visión y realidad son una misma cosa.
Antes de salir escuchaba en la radio un debate, más bien una tertulia, sobre el mundo editorial, los derechos de autor e internet. Se decía que las cosas están cambiando y que hay que adaptarse a las nuevas circunstancias. Igual que en su tiempo los derechos de autor, dicen, que  representaron la liberación de los escritores ante los poderosos y que el descubrimiento de la imprenta estableció un sistema nuevo para la accesibilidad a la cultura, hoy los cambios hacen necesaria otra adaptación. No sé muy bien, por ejemplo, si eso de los derechos de autor fue una liberación en realidad, ya que durante siglos la autoridad decía lo que podía publicarse  o no, pero si es cierto que, también en ésta materia, se está produciendo una revolución. Por otra parte, poco se habla de la accesibilidad a las editoriales de escritores noveles, del coto cerrado de las editoriales y de ese mundo de los escritores de segunda y de tercera fila entre los que me encuentro. Nos cuesta publicar tanto, que el abandono sería lo más fácil. Las tecnologías y la explosión cultural es en muchos aspectos teórica, ya que la inmensa información que se maneja, tiene poca fiabilidad y calidad y que te lean resulta ser una aventura. Esto es como muchas otras cosas de la vida, una permanente búsqueda, la cual no sería posible sin voluntad y deseo.
Ayer estuve viendo en televisión, en una entrevista, al actor José Sacristán. Me sorprendió agradablemente. Sus palabras fueron las de un intelectual avezado e inteligente. Dijo, entre otras cosas, que  la situación política que vivimos tiene un punto de desprecio ante la ciudadanía, los políticos nos maltratan sin pudor y entre tanto, la llamada izquierda, no tiene capacidad de respuesta; la izquierda se ha acomodado de tal manera, que ello requiere una reflexión y un análisis. De la derecha no se puede esperar nada, porque lo tiene todo, dinero, religión, cuarteles, etc, decía, sin embargo, la izquierda no puede permitirse errores, ya que los paga automáticamente. Sacristán no entiende que nos encontremos exactamente en una crisis, más bien piensa que es una revolución silenciosa o in-armada, la cual espera que no vaya más lejos. También señaló que los políticos no aparen de repente para colocarse donde están, sino que los votamos, son elegidos por nosotros. Se expresó con una gran naturalidad, de modo pausado y sin ánimo ofensivo, pero dijo lo que él pensaba con mucha claridad. En sus palabras se vio reflejada la realidad actual de tal modo, que cualquiera, estando de acuerdo o no con él, tenía que respetar su opinión y muchos debieron sentirse unos idiotas, cuando ahora, olvidando sus comportamientos, con la ausencia de lógica y coherencia, se dedican a ser críticos, para luego mantener sus mismos hábitos y las mismas prácticas de voto, por ejemplo. En varias ocasiones citó la palabra –moral- y mostró preocupación por la ausencia de ella. No quiso, en el fondo, comparar la situación de la población de la posguerra y del período franquista con la crisis de hoy. Dijo que, bajo su punto de vista, por su experiencia personal, de compararse, la posguerra fue peor, si bien, añadió, hay una diferencia importante, entonces, en la posguerra, hasta mediados de los años 70 del siglo pasado, éramos unos perdedores y había un culpable,Franco, cualquier avance era una conquista, ahora, en esta mal llamada crisis, se ha producido una –derrota-, hemos perdido algo que ya habíamos conseguido. Lo que está ocurriendo no es una crisis, insistió, es una revolución moral, que tiene algo de bélico, pero sin armas.
Cuando finalizó la entrevista, algunas personas del público no pudieron evitar el levantarse del asiento para aplaudirle de pié. Se mereció, sinceramente, un aplauso especial.
Nos faltan intelectuales y nos faltan comunicadores menos mediáticos y más sinceros.
Estos tiempos de tanto cambio nos llevan, a algunos, a las relecturas de obras como Un Mundo Feliz, de Aldoux Husley, de 1984, de Georde Orwell, por ejemplo, y tengo una necesidad vital de buscar lecturas que me sorprendan, que me aporten sorpresa. Por cierto, en esa búsqueda, he descubierto a dos autores imponentes, en éste caso argentinos, estoy leyendo a Alberto Manguel, en concreto su obra titulada Diario de Lecturas; es una obra de arte, la verdad. Manguel empieza haciendo mención a otro autor, a Adolfo Bioy Casares, que me ha dejado impresionado por su perfección y profundidad literaria, cuando he leído  La invención de Morel. No en vano Borges dijo que era eso, una obra perfecta. La recomiendo.
En mi novela Deseo, El Proyecto Eclipse, en el fondo, se encuentran representadas formas de diálogo y pensamiento de Husley y de Orwell, aunque atribuirme esa capacidad parezca un abuso intelectual. En todo caso, la existencia no deja de ser un redescubrimiento permanente, pienso yo.
El día, como digo, es muy hermoso, disfrutaré de él hasta que se agote su último segundo.

sábado, 15 de marzo de 2014

COMENTARIO.- EL RENACIOMIENTO


Debería haber nacido antes, no tan temprano. De ese modo no habría vivido ésto. Si hubiese nacido antes, entre el violeta y las sombras, podría haber observado las gotas del rocío y mis pies se habrían mojado en las aguas de la playa, mientras el mar hace rizos en la arena. Las cumbres de las montañas las habría visto como inmensas antorchas y las cascadas habrían tenido más energía, más fuerza para saltar al vacío. Sin embargo, al nacer más tarde, el sol ésta más alto, tengo que protegerme de sus rayos, hace calor y tengo hambre. Mañana mi nacimiento será aún de noche. Me sentaré en un lugar elevado
y desde allí, tranquilo, podré observar todo desde el principio. Estoy seguro de que será así. Será un día extraordinario. Pensar otra cosa es absurdo, estupido. Mañana, será un gran día.

viernes, 14 de marzo de 2014

CONVERSACIÓN EN LA CALLE.-
EL ÚLTIMO VIAJE.

Calle Velázquez de Madrid.

- ¡Taxi!, ¡Taxi!.

Se escucha un ligero frenazo. Un hombre abre la puerta con lentitud y entra.

- Buenos días, a la Gran Vía nº …
- Buenos días….

El coche arranca e inicia el recorrido.
…
…
- ¿A la Gran Vía nº …?
- Si.
- ¿Se hospeda en el hotel?.
- ¿Dónde?.
- En el Hotel de la Gran Vía nº …
- No.
- Hum…
- …
- …
- Yo he estado hace poco allí. Es un buen hotel. Tiene salones grandes y un ambiente agradable. Es un buen sitio.
- …
- ¿Tiene alguna reunión?.
- No…Voy allí para una liquidación.
- Ya.

El coche toma la Plaza de La Cibeles. Hay mucho tráfico y el atasco le hace parar.

- Vaya atasco. Todos los días igual.
- Madrid es lo que tiene…mucha gente y muchos coches.
- Si. Así es…¿Va con prisa?.
- No. Bueno depende…Todo depende…
- …
- ¿Depende de qué?.
- Es igual.
- Ese hotel me gusta.
- Me lo imagino.
- ¿Porqué?.
- Es un buen hotel. Allí estuvo mi mujer hace una semana. Me lo contó.
- Hum…
- Entonces…, le gustó.
- Si, al parecer le gusto. Eso me dijo.
- ¿Por trabajo?.
- ¿Cómo?.
- ¿Que si estuvo allí su mujer por motivos de trabajo?.
- No.
- Ya…
- …
- Estuvo con otra persona. Luego me lo contó.
- Vaya.
- …
- Y…
- ¿Qué?.
- No, nada…
- Si. Es lo que está usted pensando.
- Lo siento.
- Yo no.
- …
- No me importa.
- ¿No le importa?.
- No.
- ¿Le conoce?
- ¿A quién?
- A esa otra persona.
- No. No la conocía. Ahora ya le conozco.
- Vaya...
- Me ha costado mucho encontrarlo, pero ya sé quién es.
- Qué cosas…
- ¿Cómo?.
- No, que digo…, que qué cosas pasan.
- Si. Las cosas pasan…Supongo que porque tienen que pasar.

El coche ya avanza por la Gran Vía.

- Si, será por eso.
- ¿El qué?.
- Que las cosas pasan porque tienen que pasar. No por una razón u otra, pasan solo por eso, porque tienen que pasar.
- Ya casi estamos.
- ¿Cómo se llama usted?.
- Fermín.
- Yo me llamo Julio.
- …
- ¿Lleva mucho tiempo en el taxi?
- No, un año, más o menos.
- Al menos quería conocer su nombre.

El taxi para.

- Bueno. Ya hemos llegado.

Se escucha un disparo. Nadie lo descubre. El sonido de los coches y de la gente en la Gran Vía lo oculta todo. Se abre la puerta del taxi y se ve salir a alguien que cierra tras de sí la puerta, da varios pasos y se confunde entre la gente.
CONVERSACIONES EN LA CALLE.-

LA HUIDA HACIA ADELANTE.-

- Soy de la opinión de que todo lo que está ocurriendo, al menos gran parte de ello, es una huida hacia adelante.
- ¿Por qué?.
- La política de hoy olvida el pasado y se dirige hacia el futuro con mucha incertidumbre. Creo que eso provoca que su camino sea inseguro. Cualquier futuro debe ser mejor.
- No estoy tan seguro de eso. Más bien pienso que esa incertidumbre, unida a la mediocridad de los políticos, hace una combinación explosiva. No es exactamente que se huya hacia adelante, sino que no se quiere aceptar el pasado.
- El pasado reciente no ha sido malo. Se ha avanzado mucho. Se huye hacia adelante porque solo se tiene una visión muy corta en el tiempo. Los políticos solo son capaces de ver un futuro de cuatro u ocho años, no más. Cuantas veces he tenido que escuchar ante la necesidad de adoptar una decisión delicada: ¿Cuándo se detectará ese problema?. Si la respuesta supera el corto período futuro, si para ese momento ellos no estarán donde están, dará lo mismo, aunque la decisión sea dura, la adoptan, la ejecutan.
- El poder tiene un deseo de permanencia. Esa visión de las cosas no coincide con ese deseo.
- Ya, pero la realidad es que los que gobiernan tienen una durabilidad bastante determinada en el tiempo. Incluso ya tienen previsto dejar la responsabilidad directa en dos legislaturas.
- Sin embargo, el político siempre lleva equipaje.
- Eso es lo malo para ellos. Ahora, con el nuevo poder. Bueno, no es tan nuevo, pero es más fuerte…
- ¿Qué nuevo poder?.
- La prensa, los medios de comunicación.
- Es cierto.
- Digo que…, con el nuevo poder, el equipaje del político siempre puede abrirse. Incluso en eso, fíjate, el político huye hacia adelante. Se dice que, aunque hablen mal de ti, eso es peor que el hecho de que no hablen.
- Eso podría valer en los años 60 o 70, en Estados Unidos, por ejemplo, pero en éste país…
- En éste país, lo peor, la mayoría de las veces, es ser un desconocido. Piensa en los políticos, en los banqueros, en los empresarios, de los que tan mal se habla. ¿Aparentan vivir mal?. Sin embargo…, cuantos desconocidos excepcionales mueren en la miseria.
- Ese punto de vista quizá sea excesivamente simple.
- Muchas veces en la simplicidad esta la respuesta.
- Ya.
- Si. Ahora las denuncias y los procedimientos judiciales les está complicando la vida, pero también en eso, la huida debe ser hacia adelante. De lo contrario se perdería la simplicidad del éxito.
- ¿Del éxito?. ¿Qué quieres decir?.
- Que se sigue pensando en el éxito no bajo un punto de vista moral o ético. El éxito es vivir bien a toda costa. Presumir de un modo u otro de tu audacia, de tu dinero. Eso parece que sigue siendo el éxito. Lo fue y lo es.
- Es posible, pero el éxito está en otras cosas; en ser capaz de tener una vida coherente, disfrutar del amor, del conocimiento…
- Si, si. No te oculto que eso es así, pero estamos hablando del político. Un ser que debería ser el más social, el más culto, el mejor conocedor de la moral y de la ética. ¿Piensas que hoy los políticos son eso?.
- No.
- Cuando se ejerce la política, el poder, se acaba produciendo una fractura entre el representante y los representados. Es como los fideos de una sopa. Si coges uno, tiene su propia forma y autenticidad, sin embargo, la sopa de fideos es una masa indistinguible de pasta. El político la remueve y calienta. Valora su punto de cocción e incluso se la come de vez en cuando.
- ¡Joder!. Visto así.
- Como en todo en la existencia. Siempre hay excepciones, pero la realidad es la que es. Incluso, cuando hay un político digamos…moral, convencido de unas ideas que considera buenas para la ciudadanía, tiene esos momentos de incertidumbre en los que tiene que elegir en contra de sus principios.
- Siempre he creído en los hombres buenos.
- Yo también. Sin embargo, el político, para ejercer el poder tiene que luchar contra sus enemigos y eso, en tiempos difíciles, se convierte en una guerra, una guerra que mientras se mantiene en el mundo de las ideas tiene un determinado valor, si las supera, entra en el mundo de las corruptelas y si avanza aún más…no se sabe hasta dónde puede llegar.
- Prefiero seguir pensando que todas las personas tenemos principios. Aunque no comparta los de otro, serán los suyos. Me molesta que me gobiernen personas con las que no comparto esos principios; prefiero pensar, como digo, que aquellos políticos que no piensan como yo, al menos actúan pensando que lo hacen por el bien de otros que piensan como ellos.
- Es un punto de vista razonable. Lo malo es que, insisto, el político que ejerce al poder, no ha llegado hasta él gratis y luego eso…,lo pagamos todos. En esa guerra que comento siempre prefieren huir hacia adelante.
- También existe la posible que no tengamos la suficiente experiencia e información para poder opinar.
- ¡Eso es terrible!.
- Puede ser que lo sea.
- El desconocimiento, ser un analfabeto en cualquier ámbito, es de las peores cosas que nos pueden pasar.
- De eso no estoy tan seguro. A veces, es mejor no conocer, no saber lo que ocurre y porque ocurre. Todos huimos del dolor.
- No es eso una cobardía.
- Me importa poco ser cobarde.
- Lo cierto es que todos somos bastante cobardes. No lo digo con desprecio, de verdad. No estamos obligados a permanecer en tensión en cada momento. Vivir es aceptar y de eso viven en gran medida los políticos, que necesitan a la ciudadanía, necesitan que los aceptemos y que olvidemos.
- Si no fuésemos capaces de aceptar y olvidar…
- Eso.
- Así es.
- Los políticos, para ser poderosos, necesitan a la ciudadanía.
- ¿Entonces?. ¿No es más entendible todo esto, lo que está ocurriendo, cuando te das cuenta de que el político solo desea y lucha por huir hacia adelante?. No es que lo aceptemos en este caso, aunque en realidad así lo hacemos, sino tan solo tener conciencia de que lo sabemos.
- Es posible.
UN COMENTARIO.-
LA ADMINISTRACIÓN Y EL CIUDADANO.-

En la actualidad te ves obligado, una y otra vez, a judicializar la vulneración de cualquier derecho. La postura de la Administración, por llamarla de algún modo, ya que administrar administra cada vez menos, salvo para aquello que implique para el ciudadano el pago de multas, impuestos y sanciones, consiste en utilizar un sistema formulario de negación de derechos, con apariencia de contenido, que sirve para denegar un recurso, para rechazar una prestación o para cualquier otro tipo de supuesto en el que ese ciudadano pudiera tener acceso a algún cobro o evitar algún pago.
Cuando la voracidad recaudatoria gana tanto terreno, se pierde el sentido común y sobre todo lo que se pierde es la justicia. No puede existir justicia en un sistema inmensamente burocratizado, que planta muros, uno detrás de otro, para que el ciudadano sea incapaz de saltarlos. La Administración administra con un sistema de –agotamiento-. Los propios funcionarios, cuando acudes a las oficinas para realizar cualquier tipo de reclamación o para defenderte de los abusos, te miran con perplejidad, incluso en algún caso, pocos, todo hay que decirlo, te aconsejan extraoficialmente para que tus pretensiones puedan tener algún éxito, ya que su moral les obliga a decir algo. Ven tantas barbaridades, que en algún momento su incomodidad les obliga a orientar tus pasos en una dirección, al menos en apariencia, algo más segura, aún a sabiendas de que incluso en ese caso, tus posibilidades de éxito son nulas.
Hemos vuelto a la –ventanilla del manguito-, a la cola larga de la paciencia; mientras que los medios tecnológicos aparentan abrir puertas nuevas y más eficaces, pero eso, es mentira.
La Administración hoy, en un alarde de modernidad, introduce las declaraciones, recursos y solicitudes por vía informática, hasta tal punto, que no exista otro medio para acceder a sus oficinas, o implanta sistemas para que sea enormemente difícil.
Hoy ya existen muchos trámites que no se pueden hacer de otro modo distinto que no sea con un ordenador. Eso reduce el número de funcionarios, impide la utilización de formulas extensas que te permitan exponer tus pretensiones, teniendo que utilizar modelos miniaturizados y sin fondo legal, no te garantiza la recepción en muchas ocasiones y te obliga a realizar múltiples esfuerzos por acceder a páginas web que no funcionan o que funcionan mal, facilitan la superación de los plazos para reclamar y generan un descontrol notoriamente diferente a la supuesta regla de ordenación y control que parece crear la tecnología. Coloca en definitiva al ciudadano, en manos de la Administración, para que recorte sus derechos, incremente sus obligaciones y haga más difícil su vida; sobre todo utilizando su dinero.
A todo lo anterior, hay que añadirle el incremento de los costes de los trámites administrativos, las tasas y las garantías. Una verdadera locura administrativa que es incompetente, ineficaz, que representa un permanente abuso de la ciudadanía, que no puede tener voz y que de un modo, siempre desproporcionado, tiene mucho que perder para que gane la Administración. No olvidemos que quien administra es quien gobierna.
Cuando de un modo desesperado te ves obligado a decidir, ante los embargos de tus cuentas o el silencio formulario de tus reclamaciones, si tienes que acudir o no a los juzgados y tribunales, tienes que pensarlo bien, ya que las tasas judiciales, las costas y los honorarios de los Letrados, que no pueden trabajar de balde, son anuncios para que tengas miedo y te decidas por claudicar.
Esta situación ha llevado en éste país, supuestamente de derecho, aún a pesar de los muchos desistimientos, a la judicialización permanente de las reclamaciones, lo que se ha convertido en una aventura aún más dolorosa si cabe, ya que los Juzgados, saturados de expedientes, con muy pocos medios, se ven obligados a soportar una carga que el Ministerio de Justicia no soluciona y una demanda presentada hoy, puede empezar a dilucidarse a los dos años. Como ejemplo, pueden citarse las demandas laborales, en las que las citaciones para juicio se dilatan de tal manera que para cuando puedas entrar en una sala, la empresa obligada al pago se ha extinguido, la invalidez pretendida ha acabado con el reclamante o el despedido ha llegado a la desesperanza y a la ruina.
¿Cómo se puede enjuiciar un accidente de tráfico después de tres años?. ¿Quién se acuerda de lo que paso?. En una herencia, el debate de los herederos no tiene mucho sentido, ya que las tierras han sido arrasadas por un tornado y las casas embargadas.
Entre tanto, en los procedimientos Administrativos, la maquinaria de la administración sigue. Cualquier debate pretendido por el ciudadano, que implique una obligación de pago para el mismo, sigue caminando y las posibilidades de suspensión son tan reducidas, que la mayoría acaban optando, aún sabiendo de la injusticia que sufren, por pagar de modo aplazado lo que les es posible, antes que entrar en un Juzgado, en el que la moneda de la suerte da vueltas y vueltas y no acaba de caer durante mucho y mucho tiempo.
En una separación, puede ocurrir cualquier cosa, que te divorcien cuando solo querías separarte porque alguien se equivoco de impreso o modelo de sentencia.
Ahora, en los registros civiles, te quieren cobrar también por comunicar la muerte de tu madre.

Ya sé que estos comentarios son, una vez más, palabras y palabras sobre lo mismo y que no cambian mucho las cosas, pero al menos me esfuerzo por ser consciente de lo que ocurre y en cuanto tengo oportunidad, dejo constancia de ello, ante la oficina administrativa, ante el Juzgado o ante quien pueda escuchar.

Es cierto que el Juez y el oficial, muchas veces son solo mensajeros, pero ¡Ya está bien!, ¿Qué hacer?.

Por lo demás, soy de los que pienso que no se debe abandonar ningún derecho. Cuando te ves obligado a hacerlo hay que recordar todo lo que tuviste que alimentarlo. Dejarlo en el desierto del olvido, para que se muera de sed y de hambre, no tiene sentido.